domingo, 8 de noviembre de 2009

Reincorporación

Ya estoy mucho mejor. =)

Prometí hacer una entrada en cuanto cambie mi estado, contándoles cómo superé las angustias...
Bien, no las superé a todas, pero por lo menos ellas dejaron de superarme.

¿Cómo hice? La historia:
Tuve que ir a capital a visitar una galería de arte para cumplir con un trabajo práctico de la materia "Cultura y Estéticas Contemporáneas". Compartí el viaje, la visita y el trabajo práctico con Eze. En una de las estaciones, sube al tren un tipo tocando la armónica... El tipo vendía unas armónicas (supuestamente cromáticas) a $10. Eze se compró una... y eso me animó a comprar una yo también.
Tocar la armónica es algo que desde hacía un tiempo quería hacer.
La armónica que compré no es de muy buena calidad, no se sabe cuál sería la primera celda, no se sabe la afinación, no es cromática como dijo el vendedor (es diatónica) y tampoco es muy linda, solo los colores son perfectos: azul y dorado.
No tengo oído como para juzgar si suena bien, pero definitivamente no está afinada en "C", que es la afinación con la que más rápido se aprende a tocar. Pero es mi primera armónica, y practicar soplidos y aspiraciones con ella me despeja la mente... bah, en realidad hace que me concentre solo en eso.

Lamentablemente no sé nada de música. Ahora estoy aprendiendo un poco de notas y escalas, e intentando aprender a divertirme con la armo.
Creo que es, y quiero que sea, el comienzo de algo grande en mi vida... respirando a través de ese aparatito me olvido de todo y creo que enriquezco más mi vida. Siento que, a pesar de que pase horas encerrado en mi pieza hasta dormirme cansado de tanto soplar, es una tarea muy productiva...

Gracias a la armónica, no solo un mal trago ya es historia, sino que también pasó desapercibido un segundo tropiezo al querer dar un paso en un terreno que ya conocía que no era firme. Los problemas no se fueron, pero los voy manejando mejor...

Okay, todavía no hablé bien con el que tendría que reconciliarme como para encontrar paz... y no lo hago porque me da vergüenza hablar en estas condiciones y después de haberme enojado con él de esa manera. Además, todavía pienso que no me está ayudando y de su parte no pone nada para mejorar la relación... este orgullo tan humano no me deja vivir tranquilo.
Igual, no perdí la costumbre de agradecer todo lo bueno que se me da. Hoy, por ejemplo, después de varios sábados grises, me salió TODO bien! y eso lo agradezco... es más, empiezo a creer que empezamos a hacer las paces.

Es bueno pelearse con Dios de vez en cuando. Sé muy bien que nada mejora cuando esto pasa, que alejarse empeora todo... pero cuando te reconciliás con Él, todo vale el doble... la paz que se siente es única... la alegría es inmensa, se aprende a valorar la relación mucho más...
Es todo un ejercicio el enojarse, pelear y reconciliarse. Estallar de bronca cuando algo te molesta, ayuda a eliminar la fuerza que mantiene a tu puño y tus dientes apretados. Y el llegar a reconciliarse implica que se alcanzo alguna de estas dos cosas que son infinitamente divinas: el reconocer los errores propios, o perdonar los errores del otro.

Los enemigos de este ejercicio, son el orgullo y la soberbia: no querer ceder, no retroceder ni un paso, no escuchar cuando se marcan los errores... "¿Por qué tengo yo que pedir perdón?", "¿Por qué habría de perdonarlo?"...

No tenemos ojos solo para ver cuánto se equivoca el otro... Pero bueno, "más fácil es escribir contra la soberbia, que vencerla"

Veré como resuelvo el asunto. Por el momento, queridos lectores, ya pueden dejar de preocuparse por mí (?)

PD: Gracias por las palabras de aliento!! =)


"La soberbia nunca baja de donde sube, pero siempre cae de donde subió."
Francisco de Quevedo

1 comentario:

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